Hay que propiciar en cambio, un trabajo que le permita al sujeto un arreglo que por más humilde que sea le permita soportar su vida. Se trata de recibirlo en el dispositivo como “Uno entre otros”, pero favoreciendo un recorrido en el que logre inscribir su condición de Excepción, en un arreglo que cuente con su consentimiento.
¿Qué es lo que buscamos con esta oferta terapéutica entonces? Que el sujeto a partir de su síntoma y en el trabajo con otros, encuentre diferentes arreglos con su goce que contemplen la posibilidad de un lazo con el Otro.
Disponernos a no saber y que de esta forma se de lugar a algo que no esperamos, a poner entre paréntesis los ideales y las “buenas” intenciones. Ese protagonismo del decir de los sujetos deviene el primer movimiento subjetivante que recupera o inaugura un proyecto vital singular.
(…) la psicosis queda fuera del lazo, si a este lo pensamos dentro de las coordenadas que aporta la metáfora paterna o el Edipo en tanto operaciones simbólicas que posibilitan una modulación de goce. Pero esto no implica que no existan otros modos de hacer lazos. Sin guiones preestablecidos, el sujeto inventa las maneras de sostenerse en el mundo junto a otros.