(…) Hombres y mujeres habitan, como dice Lacan, dit-mensiones o, dicho mansiones diferentes. El exilio de cada cual, de la relación sexual que no hay, aparece en los modos de gozar. Masculino y femenino, una discordia que no se juega en la anatomía. A la hora de diferenciar los goces, se pondrá en evidencia una verdad: cada uno goza a su manera, esa es la maldición que no cesa de conjurarse entre los sexos. (…)
(…) Lacan indica que el verdadero partenaire del sujeto es el objeto a. Tras el Otro se encuentra el objeto a. A nivel del autoerotismo de la pulsión no hay Otro. Entonces, ¿cómo a partir del goce autista se entra en relación con el partenaire? Al gozar, hombres y mujeres quedan a solas. Solo el amor restituye el lazo con el Otro. (…)
(…) Cuando nosotros hablamos con nuestra pareja síntoma, y eso se sostiene de la buena manera, estamos en la dimensión de un muro que nos separa. Muro que tratamos de perforar con algo que nos resuene. Ahí están los malos entendidos, están las pasiones, están las fascinaciones y también están los máximos desencuentros, pero uno sigue gozando de esa conversación con el partenaire, que es lo mejor que podemos hacer. (…)
Se trata de los laberintos del amor y de los riesgos que hay que asumir, cuando uno quiere poner la libra de carne para hacer lugar a los juegos del amor. Si hay dos saberes inconscientes que de algún modo se van a poner en conexión, y si eso es lo que nombramos como amor, no habrá superposición entre ellos. (…) Para que podamos hablar de amor, se tiene que poder sostener lo irreductible de las marcas de cada uno.
(…) el amor solo toma su lugar a partir de lo real del goce, es decir, de la inexistencia de una proporción, de una relación entre hombre y mujer fijada de antemano en la naturaleza. El amor, en tanto señuelo, torna soportable esta ausencia, en la medida en que se lanza a la búsqueda en el partenaire, de una ilusoria completud. (…)
(…) Un nuevo amor, inédito y propiciado por la experiencia analítica, no es religioso ni esconde en su otra cara al odio totalitario, no es segregativo, sino que cree en un saber abierto, agujereado, imposible de cerrar. (…)
(…) Es necesario ese elemento que hace que el deseo no se confiese, se lo enmascara y se lo desenmascara, incluso a veces se lo castiga, pero sigue intacto. Y es que, en la comedia entre los sexos el falo está en el centro produciendo el anudamiento: por eso se goza de sus efectos. (…)
(…) Hay algo que insiste, más allá del desciframiento y nos conduce a la variante del síntoma como funcionamiento, del orden de una satisfacción. Una satisfacción paradójica. Lo que se presenta como displacer, como sufrimiento se revela como satisfacción. Se requiere un tiempo en un análisis, un tiempo donde es necesario un trabajo acerca del mensaje del síntoma, de la vertiente simbólica. (…)
(…) Esto nos lleva a los dos aspectos, o a las dos caras del síntoma, uno simbólico, y otro real. (…) síntoma como término híbrido, compuesto, entre palabra y pulsión. Y cómo en ese entramado de interpretación, toca con la palabra algo de esa satisfacción pulsional. (…)