De la nave, a los asilos, de los asilos, a los manicomios, a los grandes hospitales o “jaulas de oro” como decía Basaglia. De allí a las comunidades de puertas abiertas, al hospital de día, a las casas de medio camino, se ha dado inicio a otra travesía que aún no concluye.
Hay que propiciar en cambio, un trabajo que le permita al sujeto un arreglo que por más humilde que sea le permita soportar su vida. Se trata de recibirlo en el dispositivo como “Uno entre otros”, pero favoreciendo un recorrido en el que logre inscribir su condición de Excepción, en un arreglo que cuente con su consentimiento.
¿Qué es lo que buscamos con esta oferta terapéutica entonces? Que el sujeto a partir de su síntoma y en el trabajo con otros, encuentre diferentes arreglos con su goce que contemplen la posibilidad de un lazo con el Otro.
Disponernos a no saber y que de esta forma se de lugar a algo que no esperamos, a poner entre paréntesis los ideales y las “buenas” intenciones. Ese protagonismo del decir de los sujetos deviene el primer movimiento subjetivante que recupera o inaugura un proyecto vital singular.
(…) la psicosis queda fuera del lazo, si a este lo pensamos dentro de las coordenadas que aporta la metáfora paterna o el Edipo en tanto operaciones simbólicas que posibilitan una modulación de goce. Pero esto no implica que no existan otros modos de hacer lazos. Sin guiones preestablecidos, el sujeto inventa las maneras de sostenerse en el mundo junto a otros.
La fineza de los detalles de la semiología de la psiquiatría francesa, así como el recorte que Lacan hace de algunas nociones constituyen un aporte valioso para nuestra práctica actual, en la que nos encontramos con sujetos que presentan sutiles signos discretos que dan cuenta de su respuesta subjetiva ante lo real.
La feminización forzada del empuje-a-la-mujer se parece al goce femenino, como una mueca sardónica a la sonrisa. El envenenamiento de la sardonia emula el empuje-a-la-mujer, en tanto feminización en lo real del cuerpo, con o sin consentimiento del sujeto.
La diferencia entre neurosis y psicosis no se borra, lo que se pone en cuestión son sus formas de presentación, variadas en tanto las soluciones son singulares. La distinción clínica estructural se mantiene, hablamos de psicosis cuando hay forclusión del significante que opera como ordenador simbólico del mundo imaginario.
El valor de la palabra, de lo simbólico, cuando se logran volver a tejer los hilos de lo que se desamarra; el valor de las pausas y los silencios, el valor de la poesía, en una época en la cual los tiempos apremian.