Bosque de símbolos
El buen uso de las palabras
Entrevistamos a Gastón Vázquez, también conocido como “Rey bufón”, quien es escritor, poeta y tallerista. Estudió filosofía, se orientó hacia la literatura. Tiene 8 libros publicados, desde 2017 y continúa con su trabajo en la ciudad. En sus perfiles de Instagram, @reybufon y @panpoecia, pueden seguirse sus trabajos, tanto escritos propios como los versos de otros poetas, hechos pan. Agradecemos a Gastón por su predisposición y amabilidad al momento de compartir su pasión por las palabras.
La curiosidad de preguntarle acerca de su proceso de escritura, surge a partir de la participación en uno de sus talleres, bajo la propuesta “Pan y Poecía”, en los cuales se amasan versos con pan, que luego son horneados y cobran materialidad. Cada persona que allí participa, se dispone a darle forma a las letras, mientras se escuchan relatos de versos, poemas, así como la historia que lo llevó hasta ahí. Algunas preguntas surgen entre el olor a levadura y el sonido de las palabras con la música de los versos. ¿Qué lugar para la poesía hoy? ¿Qué puntos de encuentro entre el psicoanálisis y el arte? Y en particular, entre el psicoanálisis y la poesía. ¿Qué podemos aprender de la poesía en tanto juego de palabras, musicalidad, resonancias en el cuerpo?
Gastón nos transmitió cómo fue su devenir como escritor, que tiene marcas desde su temprana infancia. El valor de la palabra, de lo simbólico, cuando se logran volver a tejer los hilos de lo que se desamarra; el valor de las pausas y los silencios, el valor de la poesía, en una época en la cual los tiempos apremian. Nos invita a encontrarnos con lo que llama el “habitar poético”, que permite detenerse a dejarse sorprender por los efectos de las palabras sobre el cuerpo.
Al invitarlo a presentarse y contarnos quién es, dice: “Hoy puedo decir que me llamo Gastón Leandro Ezequiel Vázquez, tengo 45 años, nací en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Parque Patricios, me crié en Quilmes, conurbano. Anduve deambulando por muchos lugares. Estuve más de 15 años consumiendo en exceso, anduve perdido, viviendo en automático. Viví en la calle 4 años. A partir de los 30, algo que yo llamo ‘deseo profundo de autodestrucción’, se empieza a aquietar, empieza a perder su fuerza, y empieza a aparecer la voz, empieza a aparecer la palabra, el lenguaje, los símbolos, empieza a aparecer el arte.
‘Rey Bufón’ surge porque soy malabarista (por eso bufón). Estoy jugando con lo simbólico… fui entendiendo que yo primero tengo que dominar mis propias pasiones, si no cómo me voy a dominar a mí mismo. ‘Conócete a ti mismo’. Un buen gobernante, si quiere gobernar algo, tiene que gobernarse a sí mismo.
Siguiendo la historia de un rey que hacía de bufón, pienso que se puede ser rey y bufón, gobernar las propias pasiones. Antes mi pasión era la falopa, ahora mi pasión son las palabras, leerlas, escribirlas, materializarlas, ponerlas a circular. Hoy mi pasión es el buen uso de las palabras.”
Conversando con él, algunas frases resuenan en la relación que podemos encontrar entre el psicoanálisis y la poesía. Nos habla de un tratamiento del cuerpo, a través de la escritura y de su lucha con las voces, susurros “buenos” y “malos”, de la importancia de las palabras.
“Ser cuidadoso con las palabras, porque las palabras lastiman, pero también salvan.”
Nos cuenta que escribe manuscrita para domesticar su ansiedad (antes escribía narrativa) no tenía pensado hacer poesía, fue a partir de algunos sucesos de su vida, duelos, pérdidas dolorosas, que la posibilidad de reescribir su historia personal toma valor y traspasa a su modo de escribir. Comienza, sin darse cuenta, a cortar las frases, la escritura narrativa se transforma en poesía.
“Lo oscuro pasó, después la vida sigue operando tal cual es. El dolor en carne viva ya no es lo mismo, pero también se trata de aceptar la vulnerabilidad.”
“Me venía un susurro: andá despacio. Por eso juego con las letras, voy despacio, tranquilo, me tomo mi tiempo. Domesticar el cuerpo, leer oración por oración. También aparecen escenarios trágicos: te va a ir mal, no te va a salir, no servís. Está la lucha con esas voces, algunas mías, otras heredadas.
Al comienzo en soledad, luego inspirado en otros poetas, y enlazado a otros, se dispone a la realización de talleres, con una propuesta: “el habitar poético: darse cuenta de que algo está aconteciendo.” Resalta una frase: “No existen los poetas, existen los hablados por la poesía.”
“Hago talleres en la comunidad. Siempre me resistí a lo pedagógico, pero me invitaron y entendí que tengo que compartir mi experiencia, no enseñar. Nada más comparto lo que leo y escribo, y aportar una posible forma a la solución de algo que no sabemos cómo es. El tema es qué pasa con eso afuera. Se produce un extrañamiento. ¿Qué hace que un texto sea literario? El extrañamiento, que el texto se empiece a extrañar solo.
Busco palabras que toquen, que muevan.”
El propio extrañamiento y el extrañamiento literario, de las palabras, de lo escrito, como en una cinta de Moebius. El tratamiento de las palabras, el tratamiento del cuerpo, un taller para otros y el propio taller, en un mismo movimiento.
“Hago pan, pero hago poesía. Ese es mi propio taller, donde estoy reflexionando sobre las palabras, sobre el lenguaje, sobre los símbolos, sobre lo simbólico.
Sobre la propia vida, el propio extrañamiento.
Busco la cristalización poética, donde el poema se vuelve autónomo, brilla, se tensiona en la lengua, está diciendo algo. Eso busco. Algo que me toca, toca mi melancolía.
El buen uso de la melancolía.
También hoy hay medicamentos para tratar todo, incluso la melancolía.
Busco con las palabras acomodar simbólicamente algo.
La nube propia. La vida, la muerte, la melancolía. Todos cargamos con eso.”
Recuerda una devolución que le hicieron luego de un taller: “Me gusta el silencio que se arma cuando lees”.
“Hacer una pausita, por el peligro de ir en automático. La productividad del ocio, no es que todo es rendimiento.
Lo bueno de los talleres es llevarse algo, una lectura nueva, una manera de decir nueva. Lo que se trabaja en los talleres es la búsqueda de la voz propia.
Siempre vengo con un libro para leer, primero para contaminarme de palabras de otros, para que al momento de escribir salga un poco más fácil, lo importante es escribir. A veces es eso o estar suspendido farmacológicamente.
Pienso que cuando escribo le doy legitimidad a las palabras, y al género poesía. Invito a ir a buscar o a encontrarse con los libros, los libros te encuentran. El libro no es algo pasivo, es algo activo, transformador, se le puede dar un buen uso, uno distinto para cada lector.”
Entre el relato de su historia y las marcas que hoy puede nombrar, la poesía se cuela por todos lados…
“Todo está fragmentado.
Lo simbólico es así.
Por ejemplo:
un domingo a la mañana,
mirando por la ventana, me veo pasar.
Pasé yo hace 20 años,
abortado por la noche, vomitado.
En un cantero había una botella.
Una botella vacía espera
en un cantero vacío
un hombre vacío
igual que yo
levanta una botella
y trata de ver el vacío de una botella vacía.
Sabemos los dos que aunque la botella esté llena
nuestros vacíos nunca se llenarán”.
Dice Gastón: “eso pasó ahí, pasó como una estela, para eso hay que estar a disposición, si estoy ahí con un cuaderno, es como una caña.
Mi cuaderno es como una bitácora, escribo ‘Querido poema:..’ y empiezo a escribir cómo fue mi día, luego algo pasa a un poema, o a un cuento. Todo se volvió literario. Hoy puedo decir: soy escritor, también soy el alcohólico, el cartonero, el malabarista.
Un operador terapéutico de una comunidad me dio una definición que me gustó: un adicto es un buscador que no sabe qué está buscando. Pero hay una búsqueda, no se sabe qué se está buscando, pero es adentro, y en la historia propia. Yo provengo de una mixtura, española y guaraní; juntar el libro con el pan tiene algo de eso, ahí es donde está el propósito, la individuación. Hacer poesía con pan.
En mi casa, donde yo amaso están los libros. Creo que la idea surge por atracción de los elementos. Estoy en el medio entre los libros y la masa, se atraen.
Eso hace que decante. Pienso en hacer primero Poecia con C (no lo hago yo en los grafitis). Jugando pongo poesía con C en una bandeja, lo dejo que leve. Empiezo a pensar en libros con pan, versos, recuerdo y escribo ‘La vida es un poema’.
Vale la pena escribir, compartirlo, que alguien me diga que se largó a llorar con un poema, que las palabras importen, tengan cuerpo, vida, por eso la materialidad, las palabras escritas en pan. Distinto del peso que pueden tener en una hoja. Tienen peso, altura, masa. “
Ver los versos escritos con pan, en un cuadro, produce un impacto, invita a detenerse a ver de qué se trata ese arte tan particular. Lo mismo sucede con Poecía escrito con C, grafiteado en distintas paredes de la ciudad. El impacto de lo que es disruptivo, raro, rebelde a las normas establecidas, produce un extrañamiento, invita a que nos detengamos a contemplar qué es eso extraño, entre lo común. Tendrá efectos distintos para cada quien encontrarse con el arte, y con lo éxtimo. Rechazo, fascinación, indiferencia, negación, admiración, esperanza, o todo al mismo tiempo. Efectos en el caso por caso, y efectos colectivos. En un tiempo que se escurre entre horarios, responsabilidades, productividad, exigencia de “bienestar”, el arte, la poesía, se vuelven cada vez más disruptivos y necesarios. Recuerdan la posibilidad de construir algo distinto, nuevo, a pesar del empuje del “para todos lo mismo”.
“Lo poético Es una construcción, el común de la gente usa el lenguaje de manera informativa, pero eso es una partecita, lo poético tiene un valor transformador, es hasta matemático, metáfora, metonimia, lo gramatical es expansivo. Todas las variaciones que tiene el lenguaje para poder combinar las palabras. Cada uno arma su bosque, de palabras, con su historia, con sus marcas, es una construcción.
La parte simbólica de la poesía, es lo que permite ir construyendo otra vida, a partir de escribir. Que sirva para pensarnos, para pensar qué le sirve a cada uno. Las palabras son impotentes (como dice Pablo Ramos).
El tema es qué palabras arrastra cada uno, con qué símbolos hace un bosque de palabras.
Las voces buenas, los buenos murmullos.
La gente querida diciendo lo que quiere para uno, como algo bueno.
Un tirón de orejas bien.
‘Limpio’, como se dice cuando no consumimos…remite a limpiarse de lo oscuro, a través de lo simbólico y eso permite ir para otro lado. No es sólo no consumir drogas.
Hay que creer en algo, antes creía en la droga.
El programa (de narcóticos anónimos) es espiritual, no religioso. En algo hay que creer. Empiezo a creer en las palabras, mi primer libro es ese, responder a las preguntas de este libro, de los 12 pasos. Es un trabajo de ordenamiento.
Sale la sustancia, queda la enfermedad en estado puro. Lo que me hace mal es la enfermedad, no la droga. Es lo que le hace a cada uno. Una degradación. La enfermedad es eso. Queda, sigue operando, por eso se sigue en recuperación. Pero la información es otra. Hoy tengo otro conocimiento, sobre cuál es mi problema.
Mi problema es la sed, la sed espiritual, el hambre, hago pan porque nací con hambre, a mí no me alcanzaba nada, estando en adicción.
Ahora me alcanza con esto.
El uso hoy es que hay un vacío, que no se llena con nada y hay que soportarlo.
Soportarlo, habitarlo, es eso.
No solo, pero también es solo.
(No es lo mismo estar solo que sentirse solo).
Separar el sistema de la humanidad.
Ahí la poesía le gana a todo.
Permite separar.
Permite el buen uso de las palabras.”
