El siglo XXI ha dado pruebas de las contingencias climáticas que afectan nuestra vida cotidiana un poco al azar y obligan a reconfiguraciones de los puntos de orientación.
Dos catástrofes naturales se sucedieron en el lapso de un año en Bahía Blanca. La primera protagonizada por la furia de vientos extremos, la segunda por la desmesura del agua.
Pasado un tiempo de aquel día en que la lluvia no paró y la ciudad se inundó, haciendo una lectura de los efectos de un fenómeno devastador a nivel social, intentamos precisar algunas coordenadas para pensar qué sucede ante la contingencia del encuentro con la catástrofe.