Por María de los Ángeles Massaro
Siguiendo a Jacques-Alain Miller (2015) podemos decir que la adolescencia es una construcción. ¿Qué lugar para el analista en dicha construcción? Sabemos que igual que en la clínica con niños, está obligado a tomar más iniciativa, el desafío será poder ubicarse como un partenaire digno de que nos dirijan sus palabras, tan resistentes por momentos al mundo adulto. “El analista se encuentra en posición de validar el código del Otro, de validar las reglas.” Orientación precisa para la época, en la cual la descreencia en el Otro imprime su marca en las modalidades de goce, promoviendo el aislamiento, la individualidad.
Nos orienta la clínica del síntoma, podríamos decir de la adolescencia y con adolescentes. “Hay un “con” de compañía distinto del “con” lacaniano, instrumental.” Consideraremos ambos, una función instrumental y un acompañar. Cada vez que recibimos a un/a púber o adolescente, nos disponemos a acompañar, a dejarnos enseñar por ellos, por sus síntomas, no como algo a corregir o readaptar, si no intentando dar un lugar, desde la presencia del analista, apostando a la presencia del sujeto, para que se pueda desplegar esa invención tan particular que se “decide” en esos años. Algo se inventa, siempre, luego en la adultez verificamos los efectos, pero en la adolescencia no-todo está dicho, no-todo está escrito, sin embargo, las letras que se imprimen esos años, dejan marcas para toda la vida. Acompañar esas escrituras, dándole todo su valor, tomando más iniciativa que con el adulto, a veces prestando palabras, esperando y dando tiempo a que el despliegue se produzca, o ayudando a producirlo, será el desafío con el que nos encontraremos una y otra vez.
Podríamos decir entonces: clínica de la adolescencia, clínica con adolescentes y sus familias, sus escuelas, sus amigos, sus celulares, sus redes sociales… Que tik tok, que Instagram, que Snapchat…Que te hablo por foto, que el casi algo exclusivo, que no es lo mismo que novio, pero tampoco que amigo…que la cuenta posta, que la priv de la priv, etc… ¡¡Qué FOMO no saber de qué hablan!! Podemos decir también, clínica de duelos y de excesos, de goce, de información, de objetos de consumo. En una época en la que se impone el plus de gozar como una exigencia.
Entonces…
¿Cómo hacerle un lugar al saber en la adolescencia? Si es la edad en la que se cree que se sabe todo. Pero…¿en qué se cree en realidad? ¿Creen los adolescentes? ¿Creen en el saber? ¿O comanda la información?
Y también ¿cómo hacerle un lugar al saber sobre adolescencia? Si está lleno de especialistas en el tema y de información dando vueltas. Cómo introducir un agujero en el saber cerrado que transporta la información. ¿Debemos producirlo o ya se produjo y es lo que motiva la consulta? ¿En qué y quién se produce? En el saber de los padres, de los adolescentes, en la sociedad, en la época, en el cuerpo. En el analista que recibe adolescentes ¿cómo pensar la posición de saber no-todo que propone el psicoanálisis en esta época, en la cual la lógica que predomina es la de obtener soluciones rápidas frente al malestar, borrando la pregunta por y del sujeto? Miller dice que éste debe surgir para asumirse como uno entre otros sujetos hablantes. Para ello, para que surja como tal, para extraerlo, es necesario que el inconsciente se abra y esto es posible con el descubrimiento de que el Otro no sabe, es decir, es inconsistente, no tiene todas las respuestas. “Este hecho, que el Otro no quiera reconocer algo, es el que permite que el inconsciente se abra, y se abre para alojar lo no reconocido”. Lo cual presenta su dificultad contemporánea, ya que “el saber está en el bolsillo, disponible de manera automática, no es más el objeto del Otro. No implica necesariamente recurrir a estrategias con el deseo del Otro.”
¿Qué lugar para el analista frente a estas coordenadas? ¿Cómo pensar la época y su incidencia, la fragmentación de los lazos?
Dar un lugar, hacer un lugar, en el cual la relación con un Otro sea posible de sostener. Abrir un tiempo entre el instante de ver y el momento de concluir, en el cual el tiempo de comprender permita un nuevo decir.
La apuesta será extraer al sujeto, pero ¿podemos hablar de síntoma, inconsciente, sujeto? Habrá que construirlo, hacer lugar a que surja o en todo caso y en cada ocasión, trabajar con lo que cada adolescente trae con respecto a su propio malestar, intentando despegarlo de los discursos circundantes de la familia, la escuela, etc. En el decir de los adolescentes verificamos muchas veces cómo, lo que suponen los adultos, no es lo mismo que lo que ellos pueden decir sobre lo que aconteció en momentos marcantes de su historia.
Retomando las nociones lógicas que describe Lacan (1966) podemos ubicar la importancia de la duda y el lugar de los otros, a contrapelo de la época. “Asistimos a una indeterminación, en la singularidad del acto. Se adelanta a su certidumbre, debido a la tensión temporal de que está cargado subjetivamente.” “La duda exfolia la certidumbre subjetiva del momento de concluir. Se trata de un intervalo. La función de la duda podemos decir que es suspender la certidumbre anticipada”. Explica también aquí la noción lógica de colectividad “se define como un grupo formado por las relaciones recíprocas de un número definido de individuos, al contrario de la generalidad, que se define como una clase que comprende a un número indefinido de individuos.”
¿Es ahí, en esa pausa, en esa hiancia, donde está la chance de extraer algo del sujeto, en los efectos del lazo con otros? No en la suma de individualidades, que evidencia la generalidad y tiene como efecto la autorización del yo, cada vez más propiciada en la época actual.
Como analistas inventamos, construimos, respuestas e intervenciones, cada vez, que nos permitan orientarnos en el terreno de la pubertad y la adolescencia, en el que se dice mucho, del que se dice mucho, pero no-todo está escrito.
REFERENCIAS
- Jacques LACAN, Escritos 1. Siglo XXI (1966)
- Jacques-Alain Miller y otros (2015) “De la infancia a la adolescencia”, Col. del ICdeBA, Vol. 13

